Criterios
Los criterios son las reglas del juego que usan los peritos para decidir cuánto vale lo que se ha roto, cuánto se deprecia por viejo y quién debe pagar. Son tres bloques: criterios de cobertura (¿está cubierto o no?), criterios de valoración (¿cuánto cuesta repararlo?) y criterios de depreciación (¿cuánto ha envejecido el bien?). Si los conoces, puedes discutir una depreciación abusiva o una clasificación equivocada del origen del daño. Si los ignoras, te conformas con lo que te paguen.
¿Qué es y cómo podría afectarte en un siniestro?
Los criterios constituyen el conjunto de principios periciales, doctrinales y técnicos que guían la cuantificación de pérdidas, la aplicación de depreciaciones por uso y el análisis del nexo causal en los siniestros domésticos. Su función sería homogeneizar la actuación pericial para evitar contradicciones entre profesionales y compañías, estableciendo un marco común de referencia que permita valoraciones objetivas, auditables y técnicamente defendibles. Desde la perspectiva del asegurado, el conocimiento de estos criterios resultaría fundamental para impugnar aquellas valoraciones que se aparten de los estándares técnicos reconocidos.
Imagina que los criterios son como las reglas de un juego de mesa, pero aplicadas a los seguros. Cuando se rompe algo en tu casa, el perito tiene que decidir tres cosas: si el seguro lo cubre (criterios de cobertura), cuánto cuesta arreglarlo (criterios de valoración) y cuánto ha envejecido lo roto para descontarle algo (criterios de depreciación). Si conoces estas reglas, puedes discutir cuando el perito se equivoque o sea demasiado generoso con la compañía. Si no las conoces, te conformas con lo que te digan.
La aplicación correcta de estos criterios resultaría determinante en la liquidación final del siniestro. Una depreciación excesiva, una valoración por debajo de mercado o una clasificación errónea del origen del daño podrían reducir la indemnización en porcentajes muy significativos. Por el contrario, un asegurado que conoce los criterios técnicos podría impugnar fundamentadamente aquellas decisiones periciales que se aparten de los estándares reconocidos, mejorando sustancialmente el resultado de su reclamación.
⚠️ Interpretación restrictiva habitual: «Aplicamos nuestros criterios internos de valoración»
Las entidades aseguradoras podrían invocar criterios propios de valoración o depreciación que no se corresponden con los estándares técnicos reconocidos en el sector pericial. Esta práctica podría derivar en depreciaciones excesivas, valoraciones por debajo del mercado o clasificaciones del origen del daño favorables a la exclusión de cobertura, sin que el asegurado disponga de los argumentos técnicos para impugnarlas.
Los tres bloques estratégicos de los criterios periciales
1. Criterios de cobertura: Serían los que determinan si el origen del daño es responsabilidad de la póliza o de un tercero. Incluirían reglas específicas para distinguir elementos comunes de privativos (basándose en la ubicación de llaves de paso o contadores), para establecer la distinción técnica definitiva entre hechos indemnizables y falta de mantenimiento, o para aplicar la regla de derivación al Consorcio cuando el agua toca el suelo antes que el riesgo.
2. Criterios de valoración y aseguramiento: Guiarían cómo debe cuantificarse el daño económico de forma objetiva. Exigirían el mayor desglose posible en las valoraciones (por unidades de obra, metros cuadrados, etc.) para que la tasación sea auditable y profesional. Además, los criterios de valoración deberían hacerse siempre conformes a lo fijado en el contrato para cada bien, respetando los principios indemnizatorios del seguro.
3. Criterios de depreciación por uso: Determinarían el mérito o demérito (diferencia entre nuevo y viejo) de un bien para evitar el enriquecimiento injusto del asegurado. El criterio más empleado sería la fórmula lineal: (100% – Valor Residual) / Vida Estimada × Vida Pasada. Esta fórmula se apoyaría en tablas de vida técnica con datos objetivos de durabilidad de materiales (fontanería: 20 años; pintura: 15 años; electrodomésticos: 10-12 años, etc.).
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Aplicación de tablas de vida técnica no actualizadas
Las compañías podrían aplicar tablas de depreciación desactualizadas que no reflejan la durabilidad real de los materiales actuales. Un electrodoméstico de gama alta podría tener una vida útil muy superior a los 10 años estándar, y una caldera de condensación podría superar los 20 años. La obsolescencia programada y la calidad de los materiales condicionarían la vida técnica real.
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Distinción entre atasco y atranco
La frontera entre un hecho súbito cubierto (atasco) y un proceso gradual excluido (atranco) suele ser difusa. Las compañías podrían calificar como atranco situaciones que técnicamente serían atasco, especialmente cuando concurren causas mixtas o cuando la documentación pericial es incompleta. Esta clasificación condiciona radicalmente la cobertura.
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Delimitación entre elementos comunes y privativos
La ubicación de llaves de paso, contadores o arquetas determinaría si una instalación pertenece a la comunidad o al asegurado. Esta delimitación resultaría técnica y frecuentemente discutida, especialmente en edificios antiguos con instalaciones modificadas o en viviendas unifamiliares con acometidas compartidas.
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Desglose insuficiente en las valoraciones
Las compañías podrían presentar valoraciones globales sin el desglose necesario por unidades de obra, metros cuadrados o partidas específicas. Esta falta de detalle dificultaría la impugnación técnica de la valoración y ocultaría posibles sobrevaloraciones o subvaloraciones en partidas concretas.
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Regla del agua que toca el suelo antes que el riesgo
Este criterio pericial, utilizado para derivar siniestros al Consorcio cuando el agua inunda antes de que el asegurado pueda actuar, podría ser interpretado de forma restrictiva por las compañías para excluir coberturas. La aplicación correcta de esta regla requeriría un análisis técnico detallado de la cronología del siniestro.
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Aceptar la depreciación sin contrastarla con tablas técnicas
Muchos asegurados aceptan la depreciación propuesta por la compañía sin verificar si se ajusta a las tablas de vida técnica reconocidas en el sector. Si tu bien tiene una vida útil superior a la aplicada, podrías estar perdiendo una parte importante de la indemnización. Solicita siempre la tabla de depreciación aplicada y compárala con estándares sectoriales.
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No exigir el desglose detallado de la valoración
Si la compañía te presenta una valoración global sin desglosar por partidas, unidades de obra o metros cuadrados, no podrás impugnar correctamente los posibles errores. Exige siempre el desglose completo: es tu derecho y la base técnica para cualquier reclamación posterior.
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Confundir atasco con atranco en la declaración del siniestro
Si describes el siniestro como «atranco» cuando técnicamente fue un «atasco» (o viceversa), podrías estar condicionando negativamente la cobertura. Usa terminología precisa: el atasco es súbito y cubierto; el atranco es gradual y podría quedar excluido. Si tienes dudas, consulta con un perito antes de declarar el siniestro.
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No aportar facturas que acrediten la antigüedad real de los bienes
Si no conservas facturas de compra, la compañía podría aplicar una antigüedad superior a la real, aumentando la depreciación. Las facturas son la prueba objetiva de la fecha de adquisición y, por tanto, de la vida transcurrida. Guárdalas siempre, especialmente para bienes de valor elevado.
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No solicitar el informe pericial completo con los criterios aplicados
Sin conocer los criterios técnicos que ha aplicado la compañía, no puedes impugnarlos. Solicita siempre el informe pericial completo, incluyendo las tablas de depreciación, los precios unitarios aplicados y la justificación técnica de cada decisión. Esta documentación es la base de cualquier reclamación fundamentada.
La situación: La lavadora de Carmen, adquirida hacía 7 años por 1.200€ (gama alta con 10 años de garantía del fabricante), sufrió daños irreparables por una subida de tensión eléctrica. La compañía aplicó una depreciación lineal del 70% (considerando una vida útil de 10 años), ofreciendo una indemnización de 360€. Carmen aportó la factura de compra, el certificado de garantía extendida (que acreditaba una vida útil prevista de 12 años) y un informe del fabricante que indicaba una durabilidad media de 15 años para ese modelo.
La valoración de la entidad: La compañía mantuvo su criterio, argumentando que aplicaba sus tablas internas de depreciación, que establecen 10 años como vida útil estándar para electrodomésticos de línea blanca. Adicionalmente, el perito de la compañía discutió si el daño fue realmente causado por la subida de tensión (cubierto por la garantía de daños eléctricos) o por un defecto de mantenimiento (excluido), al no haber encontrado evidencias claras en el análisis del componente dañado. La factura de compra presentada por Carmen estaba legible pero faltaba la página donde figuraban las condiciones específicas de la garantía extendida.
¿Cómo podría orientarse la defensa?: Mediante un Análisis Técnico Orientativo que, en primer lugar, impugnara la tabla de depreciación aplicada por la compañía, aportando como prueba complementaria catálogos del fabricante, informes de asociaciones de consumidores y estudios independientes que acreditaran una vida útil media superior a los 10 años para electrodomésticos de gama alta. En segundo lugar, respecto a la causa del daño, se podría solicitar un análisis pericial contradictorio del componente dañado que acreditara técnicamente que la subida de tensión fue la causa eficiente del daño, descartando el defecto de mantenimiento. Esta línea argumental, combinada con la solicitud a la tienda donde se adquirió la lavadora de una copia de las condiciones completas de la garantía extendida, podría permitir recuperar una parte significativa de la indemnización, ajustando la depreciación a una vida útil de 12-15 años.
Exige a la compañía copia de las tablas de vida técnica que ha utilizado para calcular la depreciación. Si no las facilita o aplica criterios propios no reconocidos sectorialmente, tendrás argumentos sólidos para impugnar la valoración.
Conserva catálogos, certificados de garantía y documentación técnica del fabricante que acrediten la vida útil prevista para tus bienes. Esta documentación resultaría fundamental para discutir las tablas de depreciación estándar aplicadas por la compañía.
No aceptes valoraciones globales. Exige el desglose por partidas, unidades de obra y metros cuadrados. Solo con esta información podrás identificar posibles errores o sesgos en la valoración y fundamentar técnicamente tu reclamación.
Si la compañía discute la causa del daño (súbito vs gradual, cubierto vs excluido), solicita un análisis pericial contradictorio que acredite técnicamente el nexo causal entre el evento y los daños. Esta prueba técnica resultaría determinante para la calificación final del siniestro.
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