Depreciación o Demérito
La depreciación (o demérito) es el descuento que te aplica la compañía porque tu bien ya no es nuevo. Si se te rompe una lavadora de 7 años, no te van a pagar una nueva al 100%, sino que le descuentan un porcentaje por el uso que ya le has dado. La clave está en cómo calculan ese descuento: usan una fórmula matemática basada en la vida útil estimada del bien y los años que lleva funcionando. Si la compañía aplica una vida útil demasiado corta o no considera que tu bien era de gama alta, podrías estar perdiendo mucho dinero. Por eso resulta esencial entender cómo funciona.
¿Qué es y cómo podría afectarte en un siniestro?
La depreciación o demérito constituye la reducción del valor económico que experimenta un objeto o instalación debido a su antigüedad, estado de conservación, uso o desgaste natural. Los peritos la descuentan del valor de nuevo para determinar el valor real a indemnizar cuando no se ha contratado la modalidad de valor a nuevo. Su fundamento legal se encontraría en el artículo 26 de la Ley de Contrato de Seguro, que impediría el enriquecimiento injusto del asegurado, al no poder cobrar como nuevo un bien que ya ha sido utilizado.
Imagina que tienes un coche de 5 años y te lo roban. No te van a pagar lo que costó nuevo, porque ya has disfrutado de él durante 5 años. Lo mismo pasa con tu seguro de hogar: si se te rompe una lavadora vieja, te descuentan un porcentaje por el uso que ya le has dado. Ese descuento es la depreciación. Se calcula con una fórmula que tiene en cuenta cuántos años se estima que dura el bien y cuántos años lleva funcionando. Si la compañía se equivoca en esos cálculos, podrías perder mucho dinero.
La correcta aplicación de los criterios de depreciación resultaría determinante en la liquidación final del siniestro. Una depreciación excesiva, una vida útil estimada incorrecta o un valor residual mal calculado podrían reducir la indemnización en porcentajes muy significativos. Por el contrario, un asegurado que conoce los criterios técnicos podría impugnar fundamentadamente aquellas depreciaciones que se aparten de los estándares reconocidos, mejorando sustancialmente el resultado de su reclamación.
⚠️ Interpretación restrictiva habitual: «Aplicamos nuestras tablas internas de depreciación»
Las entidades aseguradoras podrían invocar criterios propios de depreciación que no se corresponden con los estándares técnicos reconocidos en el sector pericial. Esta práctica podría derivar en depreciaciones excesivas, especialmente cuando se aplican vidas útiles genéricas a bienes de gama alta o cuando no se consideran las condiciones específicas de uso y conservación del bien siniestrado.
Los pilares técnicos de la depreciación
1. Fundamento legal (art. 26 LCS): El seguro no podría ser objeto de enriquecimiento injusto para el asegurado. Por ello, si un bien está usado, no procedería indemnizarlo como si fuera nuevo, salvo que la póliza especifique expresamente la modalidad de valor a nuevo. Este principio constituiría la base jurídica que justifica la aplicación de la depreciación.
2. Factores determinantes: La depreciación dependería de múltiples factores: la vejez o tiempo de uso, el grado de conservación y mantenimiento, el tipo de utilización, la obsolescencia tecnológica y el uso inadecuado. La concurrencia de varios de estos factores podría acelerar el ritmo de depreciación del bien.
3. Vida técnica estimada: Los datos de vida útil serían estimaciones basadas en la experiencia pericial o en tablas de bienes industriales. Por ejemplo, la fontanería tendría una vida estimada de 20 años, la pintura de 15 años, los electrodomésticos de línea blanca entre 10-12 años, y los equipos informáticos entre 4-6 años. Estas estimaciones podrían variar según la calidad del bien y las condiciones de uso.
4. Fórmula lineal de cálculo: El método más empleado por su sencillez y justicia técnica sería la fórmula lineal: % Depreciación = [(100% – Valor Residual %) / Vida Estimada] × Vida Pasada. El valor residual representaría lo que vale el bien al final de su vida útil (como chatarra o material de derribo), la vida estimada sería el tiempo que se estima que el bien es útil, y la vida pasada serían los años que el bien ya ha sido utilizado.
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Aplicación de vidas útiles genéricas a bienes de gama alta
Las compañías podrían aplicar tablas de depreciación estándar que no distinguen entre bienes de gama básica y bienes de gama alta. Un electrodoméstico de gama alta podría tener una vida útil muy superior a los 10 años estándar, y una caldera de condensación podría superar los 20 años. La obsolescencia programada y la calidad de los materiales condicionarían la vida técnica real.
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Valor residual excesivamente bajo
El valor residual (lo que vale el bien al final de su vida útil) podría ser fijado por la compañía en porcentajes muy reducidos (10-15%), cuando en realidad determinados bienes podrían tener un valor residual superior. Esta fijación condiciona directamente el porcentaje de depreciación aplicado.
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Discrepancia sobre la fecha de adquisición del bien
Si el asegurado no conserva la factura de compra, la compañía podría estimar una antigüedad superior a la real, aumentando la depreciación. Las facturas serían la prueba objetiva de la fecha de adquisición y, por tanto, de la vida transcurrida. Su ausencia generaría discrepancias sobre el punto de partida del cálculo.
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4
Consideración del estado de conservación y mantenimiento
La fórmula lineal no consideraría el estado real de conservación del bien. Un bien mantenido excepcionalmente podría tener una vida útil superior a la estimada, mientras que un bien mal conservado podría haberse depreciado más rápidamente. Las compañías podrían no aplicar estos matices en sus cálculos.
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Modalidad de valor a nuevo no contratada expresamente
Muchas pólizas ofrecen la modalidad de valor a nuevo como cobertura opcional, pero el asegurado podría no haberla contratado expresamente o podría no ser consciente de su existencia. En estos supuestos, la depreciación se aplicaría íntegramente, reduciendo significativamente la indemnización.
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Aceptar la depreciación sin contrastarla con tablas técnicas
Muchos asegurados aceptan la depreciación propuesta por la compañía sin verificar si se ajusta a las tablas de vida técnica reconocidas en el sector. Si tu bien tiene una vida útil superior a la aplicada, podrías estar perdiendo una parte importante de la indemnización. Solicita la tabla de depreciación aplicada y compárala con estándares sectoriales.
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No conservar facturas de compra de los bienes
Si no conservas facturas, la compañía podría aplicar una antigüedad superior a la real, aumentando la depreciación. Las facturas son la prueba objetiva de la fecha de adquisición y, por tanto, de la vida transcurrida. Guárdalas, especialmente para bienes de valor elevado.
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No verificar si tienes contratada la modalidad de valor a nuevo
Si tu póliza incluye la cobertura de valor a nuevo, no deberían aplicarte depreciación. Revisa tu póliza y verifica si tienes contratada esta modalidad. Si es así y la compañía te aplica depreciación, podrías estar perdiendo dinero injustificadamente.
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No aportar documentación que acredite la calidad del bien
Si tu bien es de gama alta (electrodomésticos profesionales, calderas de condensación, etc.), su vida útil podría ser superior a la estándar. Aporta catálogos del fabricante, certificados de garantía o documentación técnica que acredite la calidad del bien para discutir la vida útil aplicada.
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No solicitar el desglose del cálculo de depreciación
Si la compañía te aplica una depreciación sin explicarte cómo la ha calculado, no podrás impugnarla correctamente. Exige el desglose completo: vida útil aplicada, valor residual considerado, años transcurridos y fórmula utilizada. Sin esta información, no podrás fundamentar tu reclamación.
La situación: La lavadora de Carmen, adquirida hacía 7 años por 1.200€ (gama alta con 10 años de garantía del fabricante), sufrió daños irreparables por una subida de tensión eléctrica. La compañía aplicó una depreciación lineal del 70% (considerando una vida útil de 10 años), ofreciendo una indemnización de 360€. Carmen aportó la factura de compra, el certificado de garantía extendida (que acreditaba una vida útil prevista de 12 años) y un informe del fabricante que indicaba una durabilidad media de 15 años para ese modelo.
La valoración de la entidad: La compañía mantuvo su criterio, argumentando que aplicaba sus tablas internas de depreciación, que establecen 10 años como vida útil estándar para electrodomésticos de línea blanca. Adicionalmente, el perito de la compañía discutió si el daño fue realmente causado por la subida de tensión (cubierto por la garantía de daños eléctricos) o por un defecto de mantenimiento (excluido), al no haber encontrado evidencias claras en el análisis del componente dañado. La factura de compra presentada por Carmen estaba legible pero faltaba la página donde figuraban las condiciones específicas de la garantía extendida.
¿Cómo podría orientarse la defensa?: Mediante un Análisis Técnico Orientativo que, en primer lugar, impugnara la tabla de depreciación aplicada por la compañía, aportando como prueba complementaria catálogos del fabricante, informes de asociaciones de consumidores y estudios independientes que acreditaran una vida útil media superior a los 10 años para electrodomésticos de gama alta. En segundo lugar, respecto a la causa del daño, se podría solicitar un análisis pericial contradictorio del componente dañado que acreditara técnicamente que la subida de tensión fue la causa eficiente del daño, descartando el defecto de mantenimiento. Esta línea argumental, combinada con la solicitud a la tienda donde se adquirió la lavadora de una copia de las condiciones completas de la garantía extendida, podría permitir recuperar una parte significativa de la indemnización, ajustando la depreciación a una vida útil de 12-15 años.
Exige a la compañía copia de las tablas de vida técnica que ha utilizado para calcular la depreciación. Si no las facilita o aplica criterios propios no reconocidos sectorialmente, tendrás argumentos sólidos para impugnar la valoración.
Conserva catálogos, certificados de garantía y documentación técnica del fabricante que acrediten la vida útil prevista para tus bienes. Esta documentación resultaría fundamental para discutir las tablas de depreciación estándar aplicadas por la compañía.
Revisa tu póliza y verifica si tienes contratada la cobertura de valor a nuevo. Si es así, no deberían aplicarte depreciación. Si la compañía te la aplica indebidamente, podrás impugnarla fundamentadamente.
No aceptes depreciaciones globales. Exige el desglose completo: vida útil aplicada, valor residual considerado, años transcurridos y fórmula utilizada. Solo con esta información podrás identificar posibles errores o sesgos en el cálculo y fundamentar técnicamente tu reclamación.
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